En un contexto de cercenamiento permanente de derechos fundamentales y regresión en la calidad de vida y el desarrollo personal de los ciudadanxs, el Congreso de la Nación acaba de sancionar una reforma a la ley de ejecución de la pena privativa de la libertad (Ley 24. 660) que restringe de manera inconstitucional derechos y vulnera el principio de reinserción social de la prisión (único fundamento reconocido por la Constitución Nacional).
Lejos de adoptar medidas para garantizar el acceso al trabajo, la educación o fortalecer las -hoy en día- deficientes medidas de asistencia post penitenciarias, se aprobó una reforma que implica una restricción al acceso a etapas del tratamiento penitenciario previstas para una gradual reinserción social de la persona próxima a recobrar su libertad en función a determinados delitos.
De acuerdo a lo que venimos sosteniendo desde que comenzó a tratarse el proyectos que fue aprobado, las reformas no se sustentan en ningún estudio empírico o antecedente que demuestre la efectividad de algunas de las medidas que se incluyen en la prevención del delito. Por ejemplo, relevamientos estadísticos sobre cantidad de personas condenadas o procesadas por tales delitos, o análisis en función de la reincidencia.
Por el contrario, sí existen y se implementan en distintos países, recomendaciones y experiencias que resaltan la importancia de la progresividad de la pena (entendida como la reducción gradual de las restricciones impuestas) y el pleno acceso a los derechos como medio para reducir la reincidencia delictiva.
Resulta sumamente preocupante que esta reforma haya sido aprobada a pesar del conocimiento lxs diputadxs y senadorxs de las condiciones inhumanas de detención a las que son sometidas las personas privadas de su libertad. Por lo tanto, a pesar de saber que, en las cárceles argentinas diariamente se tortura y se somete a las personas a falta de acceso a atención médica, encierro en celdas que no alcanzan estándares mínimos de habitabilidad, alimentación inadecuada y aislamiento por períodos prolongados, entre otros padecimientos a los que diariamente son sometidas.
Bajo la apariencia de adoptar medidas para combatir la inseguridad, una vez más, se imponen reformas obsoletas e injustificadas en términos de política criminal cercenando derechos fundamentales, constitucional y convencionalmente protegidos.
Una vez más, manifestamos nuestro absoluto repudio.
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